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Alicia Guntiñas Castillo

Médico Especialista en Ginecología y Obstetricia. Miembro de la SEGO.

Ecografista nivel 3. Miembro de la SESEGO

Cirugía Ginecológica General y Endoscópica (Laparoscopia e Histeroscopia).

Técnicas de Reproducción Asistida: IAC, FIV, ICSI, … Socio de ANACER

Consulta: Instituto de Ginecología y Medicina de la Reproducción (Ordás y Palomo)

Cirugía: Clínica Cemtro (1º Cirujano), Ruber Internacional (2º Cirujano. Ayudante del Dr. Ordás)



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VERSIÓN PARA PACIENTES Y ESTUDIANTES

Tras el parto puede aparecer una hemorragia de forma precoz, en las primeras 24 horas, o tardía, hasta 6 semanas después.
Son más frecuentes en mujeres mayores, multíparas, embarazos múltiples, polihidramnios, tras un parto muy largo, con placentas previas o muy adheridas.
Con menor frecuencia pueden ser por alteraciones de la coagulación, congénitas
o adquiridas.
Casi todos los factores previos provocan atonía uterina, es decir, falta de contracción del útero, por lo que el lecho placentario queda cruento con un sangrado continuo. En estos casos se administran sustancias uterotónicas. Al contraerse el útero los vasos se cierran; esto es lo que se llama "ligaduras vivientes de Pinard".
La rotura uterina y los desgarros del canal del parto son causa de sangrado importante tras el parto.

(Ver complicaciones del parto)
La retención de restos placentarios es una causa frecuente de sangrado, ya que al impedir que el útero se contraiga correctamente impiden la formación de las ligaduras de Pinard. Cuando el sangrado es escaso y no se diagnostica tras el parto pueden provocar hemorragias tardías, con riesgo de infección de los restos retenidos. En este caso habrá que hacer un legrado puerperal para vaciar el útero.